Martes, 16 Agosto 2022

Editoriales

Cinturón de la Virgen María

Cinturón de la Virgen María

La Virgen María quiso dejar en nuestro mundo, por voluntad propia, una sagrada reliquia que estuvo en contacto con su cuerpo inmaculado. Se trata de su Cinturón o Cíngulo, entregado por ella misma al apóstol santo Tomás al momento de su Asunción a los cielos en cuerpo y alma, como refiere la tradición patrística basada en el antiguo relato siriaco Narración del Pseudo José de Arimatea, en el que se narra la manera en la que Tomás recibió la reliquia de manos de María.

Manto de la Virgen María

Manto de la Virgen María

El Manto de la Virgen María ha sido, desde siglos, símbolo de protección sagrada y maternal, protección que ella expresa ya en su relación de madre con su divino Hijo, como lo muestra el icono bizantino de la Virgen de la Pasión, venerado en la ciudad de Roma, y conocido en Occidente como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, icono que presenta, a ambos lados del rostro de la Virgen, a dos ángeles pasionarios en tanto que el Niño Jesús mira con susto la cruz mientras aprieta con sus dos manitas la mano derecha de su Madre al tiempo que una de sus sandalias cae de su pie aunque permanece sostenida discretamente por una correa.

Velo de la Virgen María

Velo de la Virgen María

Durante el providencial suceso de la Anunciación, ante el saludo del ángel, la Virgen María se mantuvo serena, la cabeza siempre erguida y sin alterarse en lo mínimo. No le alteró la presencia del ángel aunque sí lo que dijo, como refiere el Evangelio: “Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo” (Lc 1,29). Es de considerar que la dignidad de la creatura en cuyo seno se encarnaría el Verbo eterno de Dios, de quien ella sería Madre, fuese superior en dignidad a la del Mensajero celestial. ¿Es de suponer que a ella, concebida sin culpa ni pecado, los espíritus puros del cielo le pareciesen naturalmente afines a la pureza inmaculada de ella misma? Sí, pues para las creaturas del mundo sobrenatural, lo sobrenatural es natural.

Cabellos de la Virgen María

Cabellos de la Virgen María

No existen en nuestro mundo reliquias procedentes del cuerpo de la Virgen María debido a que ella fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial por voluntad y por una gracia especial querida por Dios. Así lo establece la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II en su numeral 59: “Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cf. Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte”.

Santa Camisita del Niño Jesús

Santa Camisita del Niño Jesús

Misterio que se desprende de la encarnación del Verbo eterno de Dios, es el cuerpo sagrado de Cristo en el que se manifiesta su humanidad, y que engendrado en el seno virginal de María, su madre, nació niño sin dejar de ser Dios en el inefable misterio de una misma persona con naturaleza divina y con naturaleza humana. Dios divinísimo y hombre humanísimo en el mismo niño que nació, en el hombre mismo que murió.

Casa de San José

Casa de San José

En la ciudad de Nazaret, en Galilea, Israel, se conserva el sitio donde estuvo la casa de san José y su taller. En este lugar ocurrieron acontecimientos celestiales, pues aquí el Ángel del Señor se le apareció en sueños, y le dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 20). Luego, “Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer” (Mt 1, 24).

Casa de la sagrada Familia en Egipto

Casa de la sagrada Familia en Egipto

San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia, nos lleva a la meditación de la Sagrada Familia en su huida a Egipto guiada por san José: “¡Admiren una vez este acontecimiento maravilloso! Palestina persigue a Jesús y Egipto lo acoge y lo salva de sus cazadores. Y entonces, el ángel ya no se le aparece a María sino a José y le dice: -Levántate, toma al niño y a su madre. Ya no dijo como antes lo hizo toma a tu esposa, sino toma a su madre, porque ahora, luego del nacimiento, José había dejado de dudar, y creía firmemente en la verdad del misterio. Por lo tanto, el ángel le habla con mayor libertad, sin llamar a Jesús su hijo, y María su esposa, sino diciendo toma al niño y a su madre, y huye a Egipto.

Báculo y Manto de san José

Báculo y Manto de san José

El carpintero fuerte de Nazaret, José, hijo de Jacob, fue elegido por Dios para ser esposo de la Virgen María, y lo señaló mediante una vara de almendro que floreció en su mano cuando los sumos sacerdotes de Jerusalén convocaron a los varones de Judea para encontrar a quien tomaría por esposa a la hija de Joaquín y Ana, la doncella educada y formada en el Templo en un privilegio al que pocas niñas aspiraban.

Gruta de la Anunciación

Gruta de la Anunciación

El Evangelio refiere que “al sexto mes (de la concepción de Juan el Bautista) fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,26-28) y agregó: “Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,31). El ángel que vino del cielo vio a la Virgen Inmaculada, y ella vio al mensajero e intercambiaron miradas y palabras comentando el mensaje del que, como ángel, era portador.

Anillo nupcial de la Virgen María

Anillo nupcial de la Virgen María

El amor entre la Virgen María y san José es un misterio de amor verdaderamente grande, pues ella, siendo superior a él por su Concepción Inmaculada, al ser desposada, el amor de José la hizo suya hasta el grado de que él pudo participar, más que nadie en el mundo, de su grandeza y santidad. Así, el matrimonio de amor entre José y María prefiguraba ya el matrimonio entre Cristo y la Iglesia. La Sagrada Escritura afirma que “por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen un solo ser” (Gn 2,24); luego entonces, José y María fueron siempre como un solo ser.

Abuelitos de Jesús

Abuelitos de Jesús

San Joaquín y santa Ana son los padres de la Virgen María y por ende son los abuelitos de Jesús. Lo que de ellos se conoce es por la vía de los evangelios apócrifos “Protoevangelio de Santiago”, el “Evangelio del Pseudo Mateo” y el “Libro sobre la Natividad de María”, de alrededor del año 150, escritos que, aunque no forman parte de las Sagradas Escrituras, sí son apreciados y valorados por el Magisterio de la Iglesia.

Gruta de la leche

Gruta de la leche

En un elocuente himno, san Romano el Melódico, Padre de la Iglesia, reflexiona en la maternidad divina de María, siempre virgen: “El padre de la madre, por decisión propia, se convirtió en su hijo; el salvador de los recién nacidos es un recién nacido en sí mismo, con cuna en un pesebre. Su madre lo contempla y le dice: -Dime hijo mío, ¿cómo plantaste tu semilla en mí? ¿cómo te formaste? Yo te veo, ¡Oh! carne mía, con asombro, ya que mi seno está lleno de leche y no he tenido esposo; te veo envuelto en pañales, y el sigilo de mi virginidad sigue intacto: tú en verdad lo has custodiado cuando te dignaste venir al mundo, hijo mío, Dios que eres desde antes de los siglos”.

Leche de la Virgen María

Leche de la Virgen María

En la Profesión de nuestra Fe, al pronunciar la oración del Credo se proclama que Jesucristo “por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”, encarnación en la que en el curso de nueve meses, ella le dio a Jesús, en su seno virginal, su carne y su sangre, sus huesos, su cabello, sus ojos y su mirada, su boca y su sonrisa, todo su cuerpo. Jesús heredó de María, su Madre, sus gentiles ademanes, sus amables gestos y su fino modo de andar. María también lo alimentó, como toda madre lo hace, con su propia leche, para que el divino Niño creciese sano y fuerte.

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