Domingo, 16 Junio 2024

Editoriales

El juicio en el Sanedrin

El juicio en el Sanedrin

Luego de ser aprehendido en el huerto de los Olivos, “llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. También Pedro le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los criados, calentándose al fuego. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban. Pues muchos daban falso testimonio contra él, pero los testimonios no coincidían. Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: «Nosotros lo oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres». Y tampoco en este caso coincidía su testimonio” (Mc 14,53-59).

La aprehensión de Jesús

La aprehensión de Jesús

Tras la intensa oración en el huerto de Getsemaní, habiendo aceptado su inmolación para la redención del género humano, Jesús había indicado a sus apóstoles el momento de su entrega, y “todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que lo iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, préndanlo y llévenlo con cautela». Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso” (Mc 14,43-45).

La agonía en Getsemaní

La agonía en Getsemaní

Luego de que Jesús profetizara a Pedro que lo habría de negar en tres ocasiones, “van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo hago oración». Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen». Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. (Mc 14,32-35).

Predicción de las negaciones de Pedro

Predicción de las negaciones de Pedro

Tras la institucion de la Eucaristía en la Última Cena con sus apóstoles, como parte final de la cena de Pascua, “cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos” (Mc 14,26).

Éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre

Éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre

Dios alimentó a su pueblo en el desierto tras la liberación de Egipto; lo alimentó con codornices que cubrieron el campamento y con pan que llovió del cielo. “Israel llamó a aquel alimento maná. Era blanco, como semilla de cilantro, y con sabor a torta de miel” (Ex 16,31); “los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada” (Ex 16,35). Dios alimentó a su pueblo para que viviera. El Señor alimentó a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces (cfr. Mc 6,30-44) porque él quiso que el hombre tuviera vida. Ambos relatos bíblicos llegaron a su plenitud en la última cena de Jesús con sus apóstoles, en el alimento nuevo con el que nos alimenta con su propia vida, la vida de Dios. Es el alimento epiusion (del griego epi, sobre; y usion, natural) el alimento sobrenatural; el alimento del Espíritu para el espíritu. Así lo había dicho Jesús al enseñar a sus discípulos a orar: Nuestro pan cotidiano dánosle hoy (Mt 6,11), es decir, danos el pan espiritual.

Uno de ustedes me entregará

Uno de ustedes me entregará

Fue durante la última Cena cuando Jesús anunció a los apóstoles la traición de Judas: “El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «vayan a la ciudad; les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; síganlo y allí donde entre, digan al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él les enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; hagan allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua” (Mc 14,12-16).

La traición de Judas

La traición de Judas

Una amable mujer, hermana de Lázaro, había dado a Jesús una muestra de amor al derramar sobre su cabeza un frasco de perfume puro de nardo,  un gesto que para Judas fue una nota discordante en su propia melodía, y él quiso cantar su canción. “Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo lo entregaría en momento oportuno” (Mc 14,10-11).

Unción en Betania

Unción en Betania

El capítulo XIV del evangelio de Marcos inicia con una manifestación de amor hacia Jesús, protagonizada por una buena mujer (vv. 3-9). Es la crónica de una caricia que se vio ensombrecida al quedar enmarcada por amenazas de engaño y de muerte contra él, por parte de autoridades judaicas (vv. 1-2) y por la traición de Judas. (vv. 10-11). “Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderlo con engaño y matarlo. Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo»” (Mc 14,1-2).

A todos lo digo: ¡Velen!

A todos lo digo: ¡Velen!

Luego de anunciar su retorno al mundo, Jesús dio a conocer que la fecha quedaba velada para los hombres: “Yo les aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mc 13,30-32).

El retorno de Cristo

El retorno de Cristo

No será en el mejor momento de la humanidad, sino en el peor, en plena Gran Tribulación, cuando ocurra la Parusía, el retorno de Cristo al mundo: “Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas” (Mc 13,24-25).

La Gran Tribulación

La Gran Tribulación

En sus proféticas palabras acerca del Fin de los Tiempos, Jesús dio instucciones a sus apóstoles acerca de lo que debían hacer ante los desastres que anunciarían un gran sufrimiento para Israel: “Pero cuando vean la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lea, que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; el que esté en el terrado, no baje ni entre a recoger algo de su casa, y el que esté por el campo, no regrese en busca de su manto. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Oren para que no suceda en invierno” (Mc 13,14-18).

El Anticristo y los dolores de alumbramiento

El Anticristo y los dolores de alumbramiento

El miércoles de la semana de su Pasión y Muerte, estando Jesús en Jerusalén, “al salir del templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué construcciones» Jesús le dijo: «¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida»” (Mc 13, 1-2).

El Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

Comenzó y terminó el tiempo de la creación, a su vez el tiempo de los reyes, el tiempo de los jueces y el de los profetas. Con la Natividad del Señor, en la noche de Navidad, inició la Plenitud de los tiempos o Tiempo de la Plenitud; tras su bautismo comenzó el tiempo del Mesías, que concluyó con su Ascensión al Cielo; y con la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés, inició el Tiempo de las Naciones, también llamado de los Gentiles y de la Iglesia.