Domingo, 24 Octubre 2021

San José

 

San José, nuestro Santo Patrono

Esta sección de Ver y Creer está dedicada a San José porque él es nuestro Santo Patrono y a él le tenemos encomendado permanentemente nuestro trabajo. Así como José sostuvo, crió, y formó a Jesús Niño con sus propias manos, las manos que le recibieron, cargaron, acariciaron y trabajaron para Él siendo carpintero y constructor, así San José nos sostiene a nosotros, protege, orienta y tutela cuanto hacemos en este trabajo.

Queremos dar a conocer a este gran hombre a quien el Padre celestial confió, bajo su cuidado y protección, sus tres más grandes tesoros: su Hijo, su Madre y su Iglesia.

Esta sección queda abierta a todos los suscriptores y lectores de este sitio para que compartan sus conocimientos, experiencias, devociones y testimonios de San José, lo que será de gran ayuda para quien lea y para quien envíe información, pues sabemos, según lo cuenta la Tradición, que el Señor le prometió a San José, durante su tránsito de este mundo al Cielo, lo siguiente: “Al que escriba tu historia, tus obras y tu partida de este mundo y las palabras salidas de mi boca, lo confiaré a tu custodia por todo el tiempo que permanezca en esta vida. Y cuando su alma abandone su cuerpo y tenga que dejar este mundo, yo quemaré el libro de sus pecados, y no lo atormentaré con ningún suplicio el día del juicio; y haré que atraviese sin dolor ni quebrantos el mar de fuego”.

Le invitamos a que envíe, en cualquier idioma, artículos y videos sobre San José. También puede enviar comentarios o testimonios de favores o milagros recibidos por su intercesión. Se publicará todo envío que apruebe el Consejo Editorial de Ver y Creer. Los envíos deberán contener el nombre del remitente.

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San José en el siglo XXI


Las llamadas “fallas" son en Valencia las fiestas en honor de San José, Patrono del gremio de los carpinteros. Este origen histórico invita a que pongamos nuestros ojos en el Santo Patriarca al que Dios le encomendó, nada más y nada menos, que el cuidado de su Hijo y de su Madre. Este hombre, bueno y sencillo, no es sólo modelo de virtdes teológicas y espirituales. También es fácil reconocer en él un conjunto de virtudes y valores que hacen vida social más humana y, por tanto, más de Dios.

La Iglesia ha mantenido la memoria viva del Patriarca San José de muchos modos. Uno de los más eficaces es la devoción de los siete domingos previos a su fiesta, en los que se meditan sus dolores y gozos. Aquí encontramos un primer mensaje eficaz: la vida de las personas está tejida por momentos de todo tipo. Nadie escapa al sufrimiento. No es realista concebir la propia existencia como un camino exento de altibajos. Vivimos en una sociedad profundamente mercantilista donde es fácil dejarse seducir por la continua adulación orientada al consumismo. La llamada sociedad del bienestar resulta ser una ilusión, una promesa falsa que hace más dura la caída. La enseñanza de san José en el siglo XXI es animarnos a considerar que los dolores vividos con esperanza preparan el camino para un gozo superior.

José es modelo de respeto profundo a la dignidad de la persona, a lo que Dios tiene preparado para ella. Su dolor al plantearse si tiene que dejar a María, su esposa, se ve superado con creces por la alegría de saber que Ella ha sido elegida para Madre de Dios. ¡Cuánta necesidad tiene nuestra sociedad de aprender este respeto profundo para el matrimonio y para todas las relaciones entre las personas! El mejor antídoto contra la violencia es aprender a mirar a los otros con el respeto y el amor con que Dios nos mira.

En su camino hacia Belén para inscribirse en el censo, José aparece como un buen ciudadano que cumple sus obligaciones con respecto a su comunidad. María embarazada y José se comportan como las personas sencillas que no buscan privilegios y que incluso tienen que experimentar la pobreza, por falta de acogida de los demás. En su humildad son recompensados con el cariño y admiración de los pastores y también de los grandes señores que ofrecen sus dones  porque buscan a Dios. En José vemos con claridad que la vida de los pueblos está sólidamente cimentada cuando hay personas que saben cumplir su deber con amor, sin dejarse seducir por la tiranía del dinero, del poder o de las apariencias.

José presenta al Niño y a su Madre en el templo. Es modelo de la persona religiosa que vive con alegría los gestos de amor que Dios espera de sus hijos. Y allí en el templo va a conocer mejor la misión de su Hijo adoptivo: derramar su sangre para la salvación del mundo. El nombre de Jesús pasará a ser la llave que abra la puerta para que la fuerza del amor cambie el signo de la historia. Bien pronto José, como padre adoptivo, aprende a reconocer que los hijos no son propiedad de sus padres. Los hijos tienen una misión en la vida y en la historia que los padres tienen que aprender a respetar con alegría.

José aparece también como modelo de escucha de la voluntad de Dios y de la libertad religiosa. Cuando comprende que su Esposa y su Hijo van a tener que sufrir por la salvación del mundo, acepta que hay un orden superior en la comprensión de las cosas que está por encima de cualquier consideración humana. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Cuando nos sumamos a la voluntad de Dios el orden de las cosas humanas encuentra todo su sentido y expresión.

La huída a Egipto y el regreso a Nazarét marcan un programa de defensa de los derechos de la familia. La primera misión de la familia es proteger la vida y la educación de los hijos, y José actúa en consecuencia. Ante la tiranía de su época, el santo Patriarca actúa con prudencia buscando lo mejor para María y para Jesús. Vivimos en el siglo XXI en una sociedad de derechos, pero en ocasiones nos hallamos con que los derechos son más teóricos que reales, y en otras ocasiones los verdaderos derechos se difuminan.

Finalmente, José se nos presenta como un modelo para el trabajo y para vivirlo con sentido, desarrollando una ocupación que sostiene a la familia, y una vida familiar que educa para el trabajo, para la generosidad, para la responsabilidad hacia los demás.

Valencia es verdaderamente dichosa de centrar sus fiestas en la figura de San José. En él encuentra un modelo para renovar lo mejor de su alegría y de su convivencia. San José es en el siglo XXI un referente para recuperar la importancia social de la paternidad. Paternidad y maternidad son dos vivencias complementarias queridas por Dios que permiten a los hombres y mujeres sentirnos integrantes de la gran familia de la humanidad.

Con mi bendición y afecto,

Agustín Cardenal García-Gasco Vicente

Nota: El cardenal Agustín García-Gasco Vicente es arzobispo emérito de Valencia, España.

Oración a San José para pedir una buena muerte

Como muchos sabemos, San José es el santo patrono para pedir una buena muerte, ya que aunque se desconoce la fecha exacta de su muerte, la Tradición de la Iglesia menciona que murió como cualquier cristiano quisiera morir, acompañado de Jesús y de la Virgen María; es por ello que los que creemos y difundimos esta tradición, esperamos morir de igual manera en la que la hizo el Santo casto y silencioso San José. Además, para mí en lo particular, San José es otro ejemplo de ser santo haciendo de la vida ordinaria algo extraordinario. San José es el claro ejemplo de obediencia y fe a Dios nuestro Señor; es por ello que comparto con ustedes la oración a San José para pedir una buena muerte.

Oración a San José para pedir una buena muerte

Poderoso patrón del linaje humano, amparo de pecadores, seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados, glorioso San José, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio; mi alma quizás agonizará terriblemente acongojada con la representación de mi mala vida y de mis muchas culpas; el paso a la eternidad será sumamente duro; el demonio, mi enemigo, intentará combatirme terriblemente con todo el poder del infierno, a fin de que pierda a Dios eternamente; mis fuerzas en lo natural han de ser nulas: yo no tendré en lo humano quien me ayude; desde ahora, para entonces, te invoco, padre mío; a tu patrocinio me acojo; asísteme en aquel transe para que no falte en la fe, en la esperanza y en la caridad; cuando tu moriste, tu Hijo y me Dios, tu Esposa y mi Madre, ahuyentaron a los demonios para que no se atraviesen a combatir tu espíritu. Por estos favores y los que en vida te hicieron, te pido ahuyentes a estos enemigos, para que yo acabe la vida en paz, amando a Jesús, a María y a ti San José. Amén.

- Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía.

- Jesús, José y María, asístanme en mi última agonía.

- Jesús, José y María, reciban, cuando muera, el alma mía.

Dios acrecentará

 

El origen y significado del nombre José es hebreo, y quiere decir: Dios da, o también: Dios acrecentará. El nombre procede del episodio bíblico en que Raquel, la esposa de Jacob, exclama a Dios: “auméntame la familia”, y así dio a luz a José, su undécimo hijo, tras un largo período de esterilidad. Este es el famoso José “el soñador”, que mandó traer a su familia a Egipto, asentándose ahí el pueblo hebreo, en donde él era el gran Ministro del Faraón. (Puedes leer esta bonita historia en tu Biblia: Génesis cap. 37 y sig.).

Pero el José que ahora nos ocupa en esta reflexión es el más conocido por todos: el señor San José, esposo de la Santísima Virgen María y padre adoptivo de Jesús, nuestro Salvador. Custodio del Redentor y casto compañero de María de Nazaret, doble y trascendente misión, entre otras virtudes, ejemplar y valientemente vividas por este “hombre justo”, que lo colocan, después de Jesús y María, como el santo más encumbrado, ya que es el Patrono de la Iglesia universal.

Sin embargo, aunque fue un santo “de gran talla”, estoy seguro que la figura y misión de San José, son muy poco conocidas y apreciadas por los católicos de estos tiempos.

 

Veamos algunas de sus virtudes:

 

SILENCIO. Teniendo de parte de Dios una encomienda tan delicada e importante como lo era el cuidarle sus dos grandes tesoros (María y Jesús), José no cae en el protagonismo, no alardea ni es "farol" como muchos de nosotros que nos gusta llamar la atención para que nos vean y nos tomen en cuenta. Al contrario, José es callado: los evangelistas no ponen ni una palabra en su boca. José es un hombre de silencio; refleja una personalidad recogida, no es extrovertido ni superficial como tantos hombres y mujeres de hoy.

St Joseph: Model Husband and Father

I remember once being amused to hear that a certain Franciscan Theologian from the 19th Century (whose name I cannot remember) wrote a six volume “Life of St. Joseph.” Six volumes?! How could one possibly get enough material? We know so little of Joseph from the Scriptures. He seems to have been the strong, silent type. Not a word of his is recorded. But his actions have much to say, especially to men. On this feast of the Holy Family we do well to ponder him as a model for manhood, for husbands and fathers.

1. A man who obeys God and clings to his wife

We saw last Sunday the Gospel that Joseph was betrothed to Mary. This is more than being engaged. It means they were actually married. It was the practice at that time for a couple to marry rather young. Once betrothed they usually lived an additional year in their parents’ household as they became more acquainted and prepared for life together. Now at a certain point it was discovered that Mary was pregnant, though not by Joseph. Now the Law said that if a man discovered that a woman to whom he was betrothed was not a virgin, he should divorce her and not “sully” his home. Joseph as a follower of the Law, was prepared to follow its requirements.

However, he did not wish to expose Mary to the full force of the law which permitted the stoning of such women. He would thus remained quiet as to his reason for the divorce and Mary would escape possible stoning. To fail to divorce Mary would expose Joseph to cultural ramifications. Just men just didn’t marry women guilty of fornication or adultery. To ignore this might have harmed not only Joseph’s standing in the community but also that of his family of origin. But you know the rest of the story. Joseph is told in a dream not to fear and that Mary has committed no sin. Matthew records: When Joseph awoke, he did what the angel of the Lord had commanded him and took Mary home as his wife. (Matt 1:24).

Now a man obeys God even if it not popular, even if he may suffer for it. Joseph is told to cling to his wife. He may suffer for it but he, as a man, “obeys God rather than men.” It takes a strong man to do this especially when we consider the culture in which Joseph lived, and in a small town, no less. Joseph models strong manhood and has something to say to the men of our day. In the current wedding vows a man agrees to cling to his wife, for better or worse, richer or poorer, in sickness or health. This is what a man is to do. Our culture often pressures men to bail out when there is trouble Joseph shows the way by obeying God over the pressures of prevailing culture, even if he will personally suffer for it.

St. Joseph Foster Father of Jesus

 

It is remarkable, how little the Holy Spirit says about famous people in the Bible. The classic example of this is Saint Joseph. He is the most prominent saint in the Catholic liturgy after the Blessed Virgin Mary. Yet there is not a single word in the Scriptures quoting Saint Joseph.

Our plan here is to identify just five qualities of Saint Joseph. Each quality will be briefly described and then applied to ourselves. Of the twenty five invocations in the Litany of Saint Joseph, the ones on which we shall concentrate really cover all we know about the spouse of the Mother of God. Each invocation deserves a volume of commentary.


The Humility of Saint Joseph

Humility, as we know, is the truth. It is the virtue that enables us to recognize and act on the recognition of our true relationship to God first, and to other persons.

By this standard, Saint Joseph was a very humble man. He recognized his place with respect to Mary and Jesus. He knew that he was inferior to both of them in the order of grace. Yet he accepted his role as spouse of Mary and guardian of the Son of God.

The lesson for us is that genuine humility prevents us from claiming to be better or more than we really are. At the same time, we are not to underestimate ourselves either. A humble person does not consider himself more than he is but also not less than he is.

If we are truly humble, we do not pretend to be more than we really are, which is pride. But we also do not deny what we are, or claim to be less, which is false humility.

Humility is the moral virtue that keeps a person from reaching beyond himself. It is the virtue that restrains the unruly desire for personal greatness and leads people to an orderly love of themselves based on a true appreciation of their position with respect to God and their neighbors. Religious humility recognizes one’s total dependence on God. Moral humility recognizes one’s creaturely equality with other human beings. Yet humility is not only opposed to pride. It is also opposed to immoderate self-abjection, which would fail to recognize God’s gifts and use them according to the will of God.

Oraciones a San José

Oración a San José

San José, casto esposo de la Virgen María: intercede para obtenerme el don de la pureza.

Tú, que a pesar de tantas incertidumbres supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar, a lo que el Señor me pida.

Varón prudente que no te apegas a las seguridades humanas, sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado, obtenme el auxilio del Divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obtenme esas bendiciones, para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme día a día al modelo de la plena humanidad: el Señor Jesús.

Dos amigos: Santa Teresa y San José

 

 

Hace ya algún tiempo que empecé a leer sobre esta gran santa, quien a través de sus escritos me ha enseñado muchas cosas, además de hacerme disfrutar por lo ameno de su forma de escribir. Algo que me llamó la atención desde un principio fue su grande devoción a san José.

Todos en nuestra vida, desde que somos chiquitos y nacemos en el seno de una familia católica, hemos escuchado hablar sobre san José, el papá de Jesús, aunque luego, cuando crecemos, lo olvidamos mucho, un olvido que es triste; pero quien tenga la oportunidad de leer a santa Teresa, además de recuperar el cariño por san José, verá cómo es que ella promueve, con particular elocuencia, su devoción.

La devoción teresiana a san José inició cuando ella tenía 27 años de edad, cuando se encontraba postrada en la cama porque no podía andar, al grado de que a veces se arrastraba por el suelo porque estaba sumamente enferma. Esto le ocurrió cuando vivía en el monasterio de la Encarnación, del que tuvo que salir, abandonando la clausura, para ser curada. Se recurrió a todos los medios posibles en aquella sociedad. Cuando llegó a Ávila, había avanzado a tal extremo su gravedad que se le dio por muerta. Fue en esas circunstancias en las que ella recurrió a san José, y gracias a él su vida fue volviendo a la normalidad poco a poco. Desde ese momento su devoción a san José y su familiaridad con él, marcaron su vida.

La Iglesia venera a San José

San José es el mayor santo del Cielo después de la Madre de Dios. Así lo han enseñado, a lo largo de los siglos, los Padres de la Iglesia y el Magisterio. San José es mayor en bienaventuranza y gracia que los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, y cualesquiera otros santos del Cielo.

El Papa León XIII, en la encíclica Quamquam pluries, del 15 de agosto de 1899, en la que proclamó el patrocinio de San José sobre la Iglesia universal, enseña que “Ciertamente la dignidad de la Madre de Dios es tan elevada que no se puede crear nada superior. Sin embargo, como San José estuvo unido a la Santísima Virgen por el vínculo conyugal, no cabe la menor duda de que se aproximó más que persona alguna a la dignidad por la que la Madre de Dios sobrepasa de tal manera a las restantes naturalezas creadas. En efecto, la unión conyugal es la mayor de todas, pues por su naturaleza misma se acompaña de la comunicación recíproca de los bienes de los dos esposos. Si Dios dio a la Virgen por esposo a San José, no sólo se lo dio, ciertamente, como sostén de la vida, sino que también lo hizo participar, por el vínculo matrimonial, en la eminente santidad y dignidad que ella había recibido”.

 

St. Joseph, Protector (Poem)

Protector of the Church world-wide,
Christ's holy Spouse, His mystic Bride,
That issued from His pierced side.

Protector of the Mother-Maid,
To whom thy holy vows were paid,
Within whose arms was Jesus laid.

Protector of the Child Divine
Oh, with what radiance they shine,
That glory and that joy of thine!

Be thou, St. Joseph, by our side
When perils in our lives betide,
Protector, guardian, loving guide!

Take us, dear Saint, beneath thy care;
Make us thy wondrous virtues share;
Teach us thy hidden life of prayer.

Nota: Ver y Creer agradece a Ana María Salvador López la bondad que ha tenido al hacernos llegar este poema.

La Buena Muerte

 

En el interior de la iglesia de San Jacinto, en San Ángel, en la ciudad de México, sobre el muro izquierdo de la nave, a la altura del crucero central, está colocada una pintura, óleo sobre tela, que muestra el llamado “Tránsito” o muerte de San José. El artista lo presenta agonizante, recostado sobre el lecho, y junto a él, uno a cada lado, le acompañan Jesús y María. La escena la complementan varios ángeles, arcángeles y querubines que llenan los espacios de la habitación. El rostro de San José muestra una elegante tranquilidad ante la inminencia de su muerte, la satisfacción que proporciona la vivencia de una vida justa y buena, y la paz que le allega la particular compañía de su hijo adoptivo y de su esposa, quienes juntos se transforman en la fuerza que necesita José para vivir el último acto de la vida, que es morir.

San José es el Santo Patrono de una Buena Muerte, y con razón lo es, pues ya quisiera, cualquiera de los que en Cristo creemos, dejar este mundo como lo dejó el carpintero José, el esposo justo y fiel, custodio del Redentor, el que con su trabajo lo crió, quien con sus consejos lo educó, aquel que le inspiró llamar al Padre Eterno, al Creador del Universo, tal y como lo llamaba a él cuando le decía “Abbá”, mi muy querido Papá, en la humilde casa de Nazarét.

San José, el hombre justo

 

La memoria de los hombres es muy corta, pues a la vuelta de unos años, olvida a casi todos los que partieron antes y a muchos que se encuentran alejados en el tiempo o en el espacio.

¡Cuánta sabiduría acumuló y compartió Sócrates, para que se le recuerde como uno de los grandes filósofos de la humanidad!

¡Cuántas guerras tuvo que pelear exitosamente Alejandro Magno, para que aparezca en unas páginas de la historia universal!

¿Y qué hizo José de Nazaret para que millones de hombres y mujeres en el mundo mantengan tan vivo su recuerdo?

No nos ha quedado ni una sola palabra suya. No conocemos ni su nacimiento ni su muerte. Apenas aparece, envuelto en discreción, en algunas pocas páginas del evangelio. Su paso es tan fugaz, que casi podríamos describirlo como tímido y deseoso de esconderse detrás de los que de veras cuentan.

Conocemos a José de Nazaret ante todo porque en esta tierra él fue el padre de Jesús. Su nombre es mencionado en los relatos de la infancia de Jesús, y también años después cuando éste es reconocido como “el hijo de José, el carpintero”.

San José, modelo de espera en la salvación

Por este medio podemos acercarnos de diversas a maneras a la vida del mundo, al pasado, al presente y a lo trascendente. La Biblia es un medio eficaz para tener un encuentro con los “amigos fuertes de Dios” y con Dios mismo. Muchos de ellos tuvieron contacto con la Palabra de Dios, la hicieron suya, la encarnaron y nos la transmitieron trascendiendo su tiempo y el nuestro. Esto mismo paso con José el esposo de María, de quien Jesús, el Hijo de Dios, nacería.

Enseguida les propongo que hagamos una reflexión con esta lectura de forma divina, siguiendo estos pasos:

1) Leer con sumo cuidado y atención el pasaje bíblico:

Mateo 1, 16. 18-21. 24

“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: -José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados-. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”.

2) En silencio, abrimos el corazón a Dios que nos habla

3) Ahora vamos a meditar con lo siguiente:

El pasaje bíblico está tomado del Evangelio de San Mateo, y forma parte del capítulo 1, que habla sobre la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Pues “el Mesías debería ser un descendiente de David y el término “hijo de Abraham” se aplicaba a todos los judíos, Mateo inicia diciendo a todos que Jesús era judío. Pero como también en Abraham Dios prometió bendecir a todos los pueblos, a todas las naciones, Mateo nos muestra el vínculo de Jesús con los grandes patriarcas y su ascendencia real davídica.

José es hijo de Jacob y es esposo de María, es decir, que estaban comprometidos para contraer nupcias. María quizás tendría 14 o 16 años de edad y José unos 18 o 20 años. Y posiblemente los papás de ambos concertaron esta unión con el consentimiento de ambos. Y pasaba hasta un año para que se efectuara la boda. Y en tal caso, cualquier relación íntima con otra persona se consideraba adulterio (véase Deuteronomio 22,23-27).

Las leyes que castigaban el adulterio lo hacían con la pena máxima bajo la lapidación, castigo que se aplicaba incluso durante el compromiso, pero en tiempos de José sólo se hubiese exigido el libelo de repudio exponiendo a María a la vergüenza.

La palabra ángel significa mensajero, de allí que quien revela en sueños a José que el Hijo que espera María sea de Dios, es un ángel. Y el nombre Jesús-Yeshua significa Salvador. Así que lo que hará Jesús es “ser Jesús”, es ser SALVADOR. En Mateo es muy común que Dios intervenga de modo sobrenatural para guiar a alguien, como a los Magos a través de la estrella; y a las mujeres, en el sepulcro vacío, los ángeles.

Era de uso común que los padres dieran a sus hijos un nombre que significara algo, por lo tanto, cuando el nombre lo daba Dios, el nombre resultaba especialmente significativo.

4) A continuación vamos a orar y a actuar:

Toda la Biblia enseña que Dios promete ser salvador, que enviará al Mesías, al Ungido, al Cristo (véase Jeremías 23,5-6), y la salvación es mucho, pero mucho más que tener el perdón personal. Todos los libros de la Biblia enseñan cómo el pueblo oraba para que Dios los librara de las consecuencias de sus pecados, de estar dominados por sus enemigos. Y muchos están seguros de que esa liberación de parte de Dios sucederá cuando el pueblo en conjunto se corrija y se convierta a Dios de todo corazón. Esta es la experiencia de Mateo, quien fue liberado, y en el banquete que ofrece a Jesús invitó a sus amigos, a los que eran como Mateo, pensando lógicamente que si Jesús lo llamó a él, que si lo salvó a él, también lo haría con los que eran como él.

En este fascinante Evangelio de San Mateo, que en el ciclo trienal le corresponde el ciclo litúrgico A, que estamos leyendo en Misa los domingos, José actúa como los hombres y las mujeres del Antiguo Testamento, que obedecieron el llamado de Dios.

José es descendiente de una dinastía que supo de la corrupción humana, como David, Acaz o Sedecías, pero sabía que Dios es fiel a sus promesas de levantar un rey justo cuyo reino no tendría fin, pues Dios siempre cumple todas sus promesas. En José, Dios nos muestra como a los Patriarcas y a los Profetas, que debemos «esperar contra toda esperanza» véase (Romanos 4,18).

María y José quedaron unidos por Dios al enfrentar el enorme desafío a su fe y confianza en Dios. A ambos se les pide asumir una carga de responsabilidad enorme. María fue la primera en asumirlo, y José asume el compromiso de velar por ella y su Hijo. Aun cuando esto era contra todo sentido común y lógica humana, José recibe a María su esposa.

José es un hombre lleno del Espíritu Santo, es justo y lo espera todo de Dios. Sin embargo no quiso castigar a María con el repudio público. Dios lo recompensó no sólo con la orientación y consuelo, sino con la garantía divina de que Él lo había llamado a ser el esposo de María, y de asumir la misión de ser padre para el Hijo de Dios Todopoderoso.

José creyó y aceptó el mensaje divino, creyó y aceptó a María como su esposa, creyó y aceptó al Niño en su seno como el Mesías prometido. Por eso podemos decir: “San José, auméntanos la fe”. José es modelo para todo aquel que espera la salvación de su Pueblo y la liberación de los pecados aún de los ascendientes. Por eso es “nuestro” Santo Patrono, porque es modelo de espera en la salvación.

No hemos de esperar solo el perdón personal de nuestros pecados, sino la salvación de nuestro Pueblo, de todos los pueblos…

Nota: El Padre Daniel Valdés García es Doctor en Bioética y presbítero de la diócesis de Toluca, México.

Protector y custodio fiel

 

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para otorgarle una gracia singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en San José, padre putativo de nuestro Señor Jesucristo y verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles. José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: «Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor».

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es San José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del Antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los Patriarcas y los Profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: «Entra en el gozo de tu Señor». Aun cuando el gozo eterno de la bienaventuranza entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: «Entra en el gozo», a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu Esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Nota: Tomado de los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero; Sermo 2, de S. Ioseph: Opera 7, 16. 27-30.

Oración:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de San José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor.

(Preparada por el Instituto de Espiritualidad de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, de Roma)

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