Jueves, 11 Agosto 2022

San José

La Iglesia venera a San José

San José es el mayor santo del Cielo después de la Madre de Dios. Así lo han enseñado, a lo largo de los siglos, los Padres de la Iglesia y el Magisterio. San José es mayor en bienaventuranza y gracia que los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, y cualesquiera otros santos del Cielo.

El Papa León XIII, en la encíclica Quamquam pluries, del 15 de agosto de 1899, en la que proclamó el patrocinio de San José sobre la Iglesia universal, enseña que “Ciertamente la dignidad de la Madre de Dios es tan elevada que no se puede crear nada superior. Sin embargo, como San José estuvo unido a la Santísima Virgen por el vínculo conyugal, no cabe la menor duda de que se aproximó más que persona alguna a la dignidad por la que la Madre de Dios sobrepasa de tal manera a las restantes naturalezas creadas. En efecto, la unión conyugal es la mayor de todas, pues por su naturaleza misma se acompaña de la comunicación recíproca de los bienes de los dos esposos. Si Dios dio a la Virgen por esposo a San José, no sólo se lo dio, ciertamente, como sostén de la vida, sino que también lo hizo participar, por el vínculo matrimonial, en la eminente santidad y dignidad que ella había recibido”.

 

El Papa Benedicto XV enseña que “Si crece el amor a San José, el ambiente se hace al mismo tiempo más propicio a un incremento de la devoción a la Sagrada Familia, cuya augusta cabeza fuera, de ella, San José; y una devoción brotará espontáneamente de la otra, pues José nos lleva derecho a María, y por María llegamos a la fuente de toda santidad, a Jesús, quien por obediencia a José y a María consagró las virtudes del hogar” (Motu proprio Bonum, sane et salutare, del 25 de julio de 1920).

 

El Papa Juan XXIII, en 1962, lo incluyó en el Canon de la Misa, y lo invocaba con palabras de las letanías aprobadas por la Iglesia, que así resumen sus prerrogativas: “San José, ilustre descendiente de David, luz de los patriarcas, esposo de la Madre de Dios, guardián de la virginidad, padre nutricio del Hijo de Dios, vigilante defensor de Cristo, jefe de la Sagrada Familia; José justísimo, castísimo, prudentísimo, fortísimo, obedientísimo, fidelísimo, espejo de paciencia, amante de la pobreza, modelo de los obreros, honor de la vida doméstica, guardián de las vírgenes, sostén de las familias, consolación de los desgraciados, esperanza de los enfermos, patrono de los moribundos, terror de los demonios, protector de la Iglesia Santa, ¡Ruega por nosotros!”. (Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos de 1962).

El Papa Juan Pablo II enseña que “Veneramos a San José, hombre justo de la casa de David, quien con un amor tierno y silencioso amó más profundamente a María porque aceptó todo su misterio. Veneramos a José, en quien se reflejó más plenamente que en todos los padres terrestres, la paternidad de Dios mismo. Veneramos a José, que construyó la casa familiar, en la tierra, al Verbo Eterno, así como María le había dado el cuerpo humano. 'El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros'” (Jn 1,14) (Homilía en Terni, 19 de marzo de 1981).

Por último, al igual que muchos santos que han escrito sobre San José, San José María Escrivá de Balaguer, nos anima: “Quiere mucho a San José quiérele con toda el alma, porque es la persona que, junto con Jesús, más ha amado a María Santísima y el que más ha tratado a Dios, el que más le ha amado después de nuestra Madre”.