Jueves, 16 Septiembre 2021

Editoriales

Marihuana

Marihuana

La adicción a la mariguana es letal, los trastornos que provoca en quien la consume son irremediables e irreversibles, provoca que el adicto vaya perdiendo su personalidad, haciendo que se vuelva simple, grotesco, nervioso, inestable y violento, que pierda el sentido de la responsabilidad, y con ello la eficacia en su trabajo, y que se vaya aislando de la sociedad limitando sus relaciones a otros que, como él, son adictos a esta hierba enervante que convierte en un imbécil a quien la consume.

Que en México se despenalice su consumo, o que se limite a una cierta cantidad de posesión, es un acto de irresponsabilidad hacia la sociedad mexicana.

Los obispos de México, conscientes de ello, publicaron un documento con fecha 5 de julio que lleva por título Estén preparados, que inicia con la cita del Evangelio: “Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran” (Mt 7,13s), y con la explicación de su referencia: “Con estas palabras el Señor Jesús invita a sus fieles a tener mucho cuidado de no caer en las trampas del maligno, que llevan a la persona a querer entrar por la puerta ancha, dirigiendo sus pasos por un camino que lleva a la perdición; ahora que las puertas para el uso lúdico de la cannabis se han abierto, vemos con gran pena y preocupación, que las posibles complicaciones del abuso indiscriminado sin consecuencia de esta substancia traerá: depresión, aumento de la ansiedad, aumento en la tasa de suicidios, perdida de la memoria, desintegración social y lo mas grave la destrucción de la familia. Quienes vivimos con el pueblo prevemos con esta decisión más pobreza, más problemas familiares, más violencia, más dolor y más impunidad”.

En el documento, firmado por monseñor Domingo Díaz Martínez, Arzobispo de Tulancingo y Responsable de la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Salud de la Conferencia del Episcopado Mexicano, se expone que “El tabaquismo, el alcoholismo siguen causando problemas y ahora estamos ante el peligro de afrontar uno más, caer en las garras de esa vieja y «nueva forma de esclavitud» que son las drogas. Vemos también que esta decisión, lejos de buscar el bien común, estará propiciando un mal común y «no atiende los daños a la salud surgidos por el consumo cada vez mayor de la marihuana, no atiende los efectos en las familias por los jóvenes que consumen drogas, tampoco contribuye a inhibir y reducir la exposición a sustancias estupefacientes», como hemos señalado anteriormente” y se manifiesta la postura eclesial sosteniendo que “Como Iglesia, estamos en desacuerdo al uso indiscriminado de la sustancia sin indicación, como estamos en desacuerdo, al uso de antibióticos sin indicación médica. Hoy más que nunca, exhortamos a los padres, a los jóvenes, a los catequistas, a la pastoral juvenil y a los pastores, a prevenir y trabajar por sembrar los valores del Reino en las nuevas generaciones, para no tener que lamentar después”.

Hacia el final del Documento, se dan a conocer a tres sectores de la población las medidas necesarias ante el despropósito de la liberación del consumo de esta droga, con la propuesta de “caminar juntos, unidos y organizados:

Papás: hoy más que nunca deben tomar en serio la educación en valores y virtudes, para que los hijos, tengan las armas necesarias para enfrentar esta y cualquier otra adversidad, estar al pendiente de ellos desde temprana edad, advirtiéndoles sobre los graves riesgos de caer en alguna adicción; acompáñenles, estén al pendiente de los amigos y ambientes que frecuentan.

 Jóvenes: estén atentos a no caer en las trampas de la adicción, piensen en la esclavitud, sufrimiento y pobreza a que les puede llevar. Se dice que esta resolución es para defender sus derechos, eso les dicen ahora, pero los dejarán solos el día de mañana con su tristeza, pobreza y dolor.

A los actores de la pastoral con jóvenes y niños: insistan en la formación sobre la prevención de cualquier tipo de adicción, principalmente en los ambientes de la sociedad más vulnerables.

Y cuando un hermano caiga en las garras de la droga, exhortar a toda la Iglesia a ser conscientes que no podemos caer en la injusticia de clasificar al drogadicto como si fuera objeto o un trasto roto. Cada persona ha de ser valorada y apreciada en su dignidad para poder ser sanada”.

El Documento concluye con una exhortación cargada de esperanza: “Oremos y trabajemos para que así suceda”.