Martes, 07 Diciembre 2021

Editoriales

La Edad Media

La Edad Media

La Edad Media, uno de los más fascinantes periodos de la historia, abarca mil años, de los siglos V al XV. Al terminar la Edad Antigua o Clásica, comenzó la Edad Media con la caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476 d.C. y se extendió hasta finales del siglo XV, en 1453, con la Caída del Imperio Bizantino y con la invención de la imprenta, acontecimientos con los que inició la Edad Moderna.

De entre los grandes personajes medievales se destacan San Luis IX, rey de Francia, el emperador Carlomagno, san Francisco de Asís y, hacia el final de la Baja Edad Media, Cristóbal Colón.

Por ser un periodo tan extenso, los estudiosos de la historia lo han divido en tres etapas: la Temprana Edad Media, Alta Edad Media y la Baja Edad Media. La Temprana Edad Media transcurrió de finales del siglo V a fines del siglo VIII, tiempo durante el que se fusionaron las culturas germánicas con la cultura latina, heredera del antiguo Imperio Romano, ahora desintegrado. Así, se formaron los reinos Romano-Germánicos y el Imperio Carolingio. La Alta Edad Media, que abarcó los siglos IX al XI, se caracterizó por el auge del feudalismo  con una producción basada en la mano de obra servil y centrada en los Señoríos que restaron poder a los reyes. La Baja Edad Media, que comenzó a inicios del siglo XII y terminó hasta mediados del siglo XV, es considerada como un tiempo en el que las ciudades y el comercio volvieron a ganar importancia con el surgimiento de un nuevo grupo social identificado como la burguesía, de donde se generará, más tarde, el sistema capitalista. 

Sin fundamentos sólidos y con mucha injusticia, a la Edad Media se le ha considerado como una época bárbara, violenta y culturalmente oscura, ubicada entre la civilización romana y el Renacimiento. Pero no es así, pues al contrario de esas suposiciones infundadas, se trató de un periodo histórico en el que tuvieron lugar los grandes avances y cambios culturales, desde el nacimiento de la cultura carolingia, hasta el florecimiento de la cultura islámica, notable por sus grandes avances en la medicina, las matemáticas, el arte, la escolástica y el renacimiento de las ciudades.

En el arte, predominaron los estilos del románico, el gótico, el bizantino y el carolingio. El románico se extendió por Europa durante los siglos XI y XIII y se vinculó especialmente con  las grandes construcciones de monasterios de roca sólida con grandes bóvedas, arcos de medio punto y grandes portadas profusamente esculpidas. El gótico se extendió entre los siglos XIII y XV en las ciudades y se vinculó a la edificación de majestuosas catedrales con grandes vitrales, enormes muros, pilares y naves que, elevándose a los cielos mostraron la grandeza de Dios.

En la Edad Media, la filosofía se mantuvo íntimamente relacionada con la teología. El estudio del pensamiento humano se vinculó, como nunca, con el conocimiento de Dios. Los grandes temas de la filosofía medieval se centraron en la interacción entre la fe y la razón, la libertad humana en relación al plan divino, la obra creadora de la naturaleza, y en la interpretación, desde la filosofía teológica, de las enseñanzas de filósofos precristianos como Platón y Aristóteles. Entre los grandes filósofos medievales se destacan San Agustín de Hipona, Ramón Llul, Guillermo de Ockham y Santo Tomás de Aquino.

La literatura, que fue muy profusa en el medioevo, se ha dividido en religiosa y profana, la primera mucho más extensa, de donde proceden las obras hagiográficas, la poesía mística, la Leyenda Áurea y los grandes poemas inspirados en la Virgen María escritos por Gonzalo de Berceo y considerados como los primeros testimonios del castellano escrito. En la literatura profana, la Edad Media dio a luz los poemas épicos y cantares de gesta que cantaban las aventuras de héroes como El Cid campeador y el rey Arturo, los poemas al amor cortés y obras narrativas más extensas de contenido sociológico y filosófico como son La Ciudad de las Damas, de Christine de Pizán; Los Cuentos de Canterbury, de Chaucer; La Divina Comedia, de Dante y El Decamerón, de Boccaccio.

No obstante que se le imputa a la Edad Media haber sido un periodo histórico en el que la mujer vivió reprimida, hubo grandes mujeres que se destacaron en la ciencia, las artes, filosofía, teología y hasta en la política, como santa Hildegard Von Bingen, Santa Clara de Asís, santa Brígida de Suecia, santa Catalina de Siena y santa Juana de Arco, y que fueron consejeras de numerosos príncipes, monarcas, obispos y papas por su vasta y reconocida sabiduría.