Vida extraterrestre

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Prevalece en la humanidad, desde que se sabe que el universo está conformado por millones de galaxias y por miles de millones de estrellas, la idea de que pueda existir vida y seres inteligentes en planetas similares al nuestro, y aunque se ha querido suponer que la Tierra es visitada por habitantes de otros mundos, en realidad no existe evidencia científica de vida extraterrestre, ni en un primigenio nivel celular, y mucho menos de vida inteligente.

Enrico Fermi, científico del siglo XX, formalmente cuestionó: “Si existen… ¿dónde están? ¿por qué no tenemos ninguna evidencia sólida de ellos? ¿ni siquiera de señales electromagnéticas?”. Estas preguntas, conocidas como Paradoja de Fermi, continúan sin respuesta, y los esfuerzos realizados durante más de 60 años en el Proyecto SETI (por sus siglas en Inglés: Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) no han arrojado resultado alguno no obstante los millones de dólares y miles de millones de horas-científico, dedicadas a su búsqueda; y aunque sí se han encontrado en algunas galaxias y cúmulos estelares, moléculas químicas integrantes de organismos unicelulares, no son indicadores de vida.


En abril de 2011, en entrevista al entonces Director del Observatorio Astronómico Vaticano, el sacerdote jesuita Gabriel Funes, sobre su postura como creyente, si acaso el descubrimiento de vida extraterrestre inteligente, no pondría en duda su fe en Dios, llanamente respondió: “Saludaría a mi hermano extraterrestre” y explicó que “Dios es el creador del universo y de todos los seres existentes; por lo tanto, ese supuesto ser extraterrestre inteligente sería una creatura más de Dios, como lo soy yo, y por ende, seríamos hermanos, como lo somos todos los seres humanos de este planeta sin distingo de raza, color, sexo y religiosidad”.

El científico Adolfo Orozco Torres, hombre de ciencia y de fe, Físico con especialidad en Geomagnetismo e investigador de la UNAM, y Presidente del Centro Mexicano de Sindonología, hace notar que “es una falacia, difundida por ateos y enemigos del cristianismo, sostener que el descubrimiento de vida extraterrestre inteligente demostraría la inexistencia de Dios-Creador y haría brillar la luz de la ciencia”. Ya desde el siglo XIX, en 1877, el Padre Niceto Alonso Perujo, en su libro “La Pluralidad de los Mundos Habitados ante la Fe Católica”, objetivamente desmintió al astrónomo Camilo Flamarion, quien junto con Allan Kardec, movidos ambos por un odio al cristianismo, pretendieron restablecer la ancestral idea egipcia de la transmigración de las almas y así intentaron demostrar que la teología cristiana niega toda posibilidad de vida extraterrestre; además afirmaron que tras la muerte, el alma “transmigra” a otros planetas para ocupar otros cuerpos sucesivamente. Por su parte, el Padre Niceto demostró que la hipotética idea de la vida inteligente en otros mundos sí es compatible con la teología.


El Observatorio Vaticano, que comenzó a operar a finales del siglo XVI gracias a la sustitución del Calendario Juliano por el Gregoriano, emprendida por el papa Gregorio XIII, que rige actualmente para todo el mundo, siempre ha sido dirigido y operado por científicos Jesuitas desde su fundación en la Ciudad del Vaticano donde, en el siglo XIX, el Jesuita Angelo Secchi elaboró la Clasificación Estelar que es utilizada hasta nuestros días y que se relaciona con la evolución de las estrellas. En 1891, el papa Leon XIII reestructuró el Observatorio Vaticano y lo dotó de modernos instrumentos.


En la primera mitad del siglo XX, el Observatorio Vaticano participó en el proyecto internacional de mapear la bóveda celeste, y para lograrlo mejor, debido a la contaminación lumínica del cielo de Roma, en 1930 el papa Pío XI trasladó el Observatorio a Castelgandolfo y lo dotó con dos nuevos telescopios y un laboratorio astrofísico para análisis espectroquímicos que permitieron concretar los estudios de estrellas binarias, entre otros múltiples proyectos.
 

En 1981, debido a que la contaminación lumínica de Roma alcanzó a Castelgandolfo, junto con la Universidad de Arizona se fundó el “Grupo de Investigación del Observatorio Vaticano”, en Tucson, y en 1993 se construyó el “Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada” en colaboración con el Observatorio Steward, en el Monte Graham de Arizona, el mejor sitio en Estados Unidos para observación astronómica. El actual Director del Observatorio Vaticano es el Jesuita Guy Consolmagno, un activo promotor de la difusión de la Fe, la ciencia y la astronomía.


Es posible que la Sagrada Escritura esté acorde con la vida extraterrestre si acaso esta expresión de Jesús pudiese interpretarse como una referencia a una especie humana inteligente fuera de la Tierra: “También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10,16).