Desagravio, Reparación y Consagración

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Dios hizo al ser humano capaz de Dios; somos capaces de Dios; sabemos de Él, hablamos con Él, sabemos que vivimos por Él, que procedemos de Él y volveremos a Él. En esta íntima relación de unión, Dios no se cansa de buscar a su creatura para atraerla hacia Él, como el pastor que pierde una oveja y sale a buscarla hasta regresar con ella entre sus brazos.

A esta búsqueda de Dios algunos responden y otros no, tal y como lo expresa Jesús en una parábola sencilla y clara: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: Digan a los invitados: ‘Miren, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Vengan a la boda.’ Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. El rey, enojado, envió sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Vayan, pues, a los cruces de los caminos e inviten a la boda a cuantos encuentren.’ Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales” (Mt 22, 2-10).

 

El sismo del 19 de septiembre, ocurrido en México, muchos lo entendieron como un llamado fuerte por parte de Dios para que se atienda a esa búsqueda suya a la que muchos no han querido atender, y se vio la oportunidad de elevar los ojos al cielo para pedir públicamente perdón a Dios, presentarle actos de desagravio, reparar las faltas y consagrarle sus vidas.

Con presteza y entrega, se preparó un gran Acto de Desagravio, Reparación y Consagración a celebrase el domingo 10 de diciembre en el estadio Azul de la ciudad de México, teniendo como centro principal la celebración de la santa Misa y la Procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de la ciudad, pues “en cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales” (Catecismo de la Iglesia, 1414) porque “Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados” (Documento Decretorum de iustificatione del Concilio de Trento) y porque “Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado” (Catecismo de la Iglesia, 2487).

La Iglesia sabe que no hay pecado que no pueda perdonar porque Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que en su Iglesia estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado, como lo establece el Catecismo Romano: “No hay nadie, tan perverso y tan culpable, que no deba esperar con confianza su perdón siempre que su arrepentimiento sea sincero”.

En sus pasos por nuestro mundo, Jesús no solamente perdonó los pecados, sino que manifestó el efecto de su perdón al admitir a los pecadores a su mesa, y más aun, Él mismo se sentó a la mesa de ellos en un gesto que expresa conmovedoramente cómo es el amor de Dios.

En su drama “El Mercader de Venecia, William Shakespeare nos obsequia una expresión exquisita cuando afirma que “El perdón es una doble bendición, bendice al que lo da y bendice al que lo recibe”, y el gran san Agustín, obispo de Hipona y Doctor de la Iglesia, enseña que “Quien confiesa y se acusa de sus pecados hace las paces con Dios. Dios reprueba tus pecados. Si tú haces lo mismo, te unes a Dios. Hombre y pecados son dos cosas distintas; cuando oyes, hombre, oyes lo que hizo Dios; cuando oyes, pecador, oyes lo que el mismo hombre hizo. Deshaz lo que hiciste para que Dios salve lo que hizo. Es preciso que aborrezcas tu obra y que ames en ti la obra de Dios. Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras, porque repruebas las tuyas malas. Practicas la verdad y vienes a la luz”.

Al Gran Acto de Desagravio, Reparación y Consagración, a celebrarse este domingo, han sido invitados todos, acudirán algunos, y los que no, serán como aquellos siervos que no acudieron al banquete del rey.