Santiago

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En el grupo de los doce apóstoles de Jesús hubo dos de nombre Santiago, por lo que, para diferenciarlos se les llama, a uno “el Mayor”, y al otro “el menor”.

Santiago el Mayor, cuya festividad se celebra el 25 de julio, fue hijo de Zebedeo, pescador de Galilea, y de Salomé, hermana de la Virgen María; hermano mayor del apóstol san Juan y primo de Jesús.

El origen galileo de Santiago podría explicar el temperamento enérgico, vehemente y apasionado que les ganó, a él y a su hermano Juan, el sobrenombre que el mismo Jesús les confirió: Boanerges, que significa en arameo Hijos del trueno (Mc 3,17).

Santiago marchó a Hispania para llevar el anuncio del Evangelio a aquella provincia romana, donde recibió el consuelo y apoyo de la Virgen María cuando ella se le apareció aun antes de dejar nuestro mundo, sobre una columna, dando así origen a la devoción mariana de Nuestra Señora del Pilar. Tras algunos años en Hispania, regresó a Jerusalén donde recibió la palma del martirio.

 

Santiago fue el primero de los apóstoles en morir ejecutado por odio a la fe, durante la pascua del año 44, como lo narra el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Por aquel tiempo el rey Herodes (Agripa) echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan. Al ver que esto les gustaba a los judíos, se atrevió a prender también a Pedro” (Hch 12,1-3).

La tradición refiere que el Sanedrín prohibió que su cuerpo fuese sepultado en Jerusalén, por lo que sus discípulos Teodoro y Atanasio se embarcaron para darle sepultura en la tierra donde él predicó, pero una tormenta desvió el navío hasta Finisterra, donde lo sepultaron en lo que hoy es Galicia. Luego de algunos siglos el sepulcro fue encontrado en Compostela, el Campo de Estrellas, que se convirtió desde entonces y hasta nuestros días en destino de peregrinaje para venerar los restos-reliquia del apóstol al recorrer el Camino de Santiago de Compostela.

Mediante la bula Deus omnipotens, del 1 de noviembre de 1884, el papa León XIII da por cierta la autenticidad de las reliquias de Santiago en Compostela. Una pequeña parte de las reliquias de Santiago el Mayor se conservan en la iglesia de san Saturnino, en Tolosa, Francia.

El otro apóstol de nombre Santiago, conocido también como “el Menor”, “el hermano del Señor” y “el Justo”, cuya festividad se celebra el 3 de mayo junto con la del apóstol Felipe, fue hijo de Alfeo-Cleofás y de María de Cleofás, y hermano del apóstol san Judas Tadeo.

Fue obispo de Jerusalén y es el autor de la Epístola de Santiago, en la que se muestra como un hombre justo y de gran calma y poseedor de una mentalidad nutrida por las Sagradas Escrituras, dedicado a la oración, atento con los pobres y resignado a sufrir persecuciones. En esta carta enseña: “Consideren como un gran gozo, hermanos míos, cuando estén rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de su fe produce paciencia; pero la paciencia ha de culminar en una obra perfecta para que sean perfectos e íntegros, sin que dejen qué desear” (St 1,2-4).

Durante la celebración del Concilio de Jerusalén, del año 51, Santiago el Menor intervino en la cuestión de la difícil relación entre los cristianos de origen judío y los de origen pagano, pues contribuyó junto con Pedro a superar e integrar la dimensión judía originaria del cristianismo con la exigencia de no imponer a los paganos convertidos la obligación de someterse a todas las normas de la ley de Moisés.

Abundantes datos acerca de este apóstol se encuentra en varios documentos de inicios del cristianismo, como los de Flavio Josefo, san Jerónimo, san Hegesipo y san Clemente de Alejandría.

La más antigua información sobre la muerte de este Santiago nos la ofrece el historiador judío Flavio Josefo, quien en sus Antigüedades judías (20, 201), escritas en Roma a finales del siglo I, refiere que su muerte fue decidida, con iniciativa ilegítima, por el sumo sacerdote Anano, hijo del Anás que aparece en los Evangelios, quien aprovechó el intervalo entre la destitución del Procurador romano Festo y la llegada de su sucesor, Albino, para decretar su lapidación, en el año 62.

El nombre de Santiago, que en hebreo es Yakob o Yago, pasa al griego como Iakobos, al latín como Iacobus y al inglés como James; pero al traducirse al español, al juntar San con Yago, el sonido queda como Santiago, razón por la que no se le llama “San Santiago” sino simplemente “Santiago”.